En tiempos de postureo y likes, en que el ritmo lo marca el algoritmo, no resulta nada fácil dar visibilidad a manifestaciones que se salen de los cánones socialmente establecidos. Tal es el caso de la diversidad corporal, cuya presencia suele quedar relegada a un segundo plano.
A pesar de que en las últimas décadas ha habido avances notables hacia una visión más inclusiva de la diversidad de cuerpos, gracias, en parte, al activismo de movimientos como el body positive y el body neutrality, lo cierto es que hoy en día esta tendencia se ha visto frenada por el auge de un nuevo culto a la delgadez que tiene en las redes sociales a su mejor aliado.
En este artículo te damos las claves sobre el resurgimiento del culto a la delgadez frente a la aceptación del cuerpo y te proponemos algunas estrategias para poner freno a una tendencia que puede resultar muy dañina para la salud.
#1 El activismo a favor de la diversidad corporal
Si en las últimas décadas se han logrado avances en la visibilidad de la diversidad corporal y la aceptación del cuerpo ha sido gracias, en parte, al activismo aglutinado en torno a movimientos como el body positive y el body neutrality.
Ambas corrientes ofrecen herramientas y discursos distintos, pero complementarios, para confrontar el impacto del culto a la imagen y la presión estética.
Por un lado, el body positive busca visibilizar los cuerpos reales. Por ello, su objetivo es luchar contra los estándares de belleza dañinos, que considera una imposición social. Solo de este modo, según sus seguidores, las personas se liberarán de los complejos a los que están atadas y empezarán a hablar de ellas sin ningún temor.
Así pues, el body positive celebra la diversidad corporal y promueve la autoestima más allá del peso o la talla; lucha contra la discriminación sistémica, la invisibilización de las personas con cuerpos de talla grande y la idea de que solo la delgadez merece visibilidad, y favorece el desarrollo de una autoimagen resiliente.

Por otro lado, el body neutrality, que surge con posterioridad al body positive, va más allá porque, lejos de celebrar o estigmatizar el cuerpo, promueve la necesidad de verlo como algo neutro.
Se trata de aceptar el propio cuerpo tal y como es, con independencia de si es bonito o feo, y por ello rehúye la exigencia de tener que mantenerse optimista y con una actitud positiva hacia el propio cuerpo en todo momento.
Para las personas que lo practican, esto supone, respecto al body positive, una liberación, porque no siempre es posible gozar de cada curva, herida, arruga…, y la presión por hacerlo puede resultar dañina.
En definitiva, el body neutrality pone en valor las ideas y las acciones del individuo más allá de sus características estéticas y sostiene que también es natural mirarse al espejo y no sentirse siempre a gusto.
Así pues, tanto el body positive como el body neutrality desafían el pesocentrismo y ayudan a desarrollar cierta resistencia frente a los mensajes tóxicos y a la cultura de la comparación.
#2 El auge del culto a la delgadez
Aunque la presión por ser delgado no ha dejado nunca de existir, los avances en materia de diversidad corporal y aceptación del cuerpo están ahí y se pueden apreciar en varios ámbitos, como, por ejemplo, la moda, el deporte, el cine, la televisión…
Pero, más recientemente, fenómenos como el auge de hashtags del tipo #SkinnyTok en TikTok han vuelto a instaurar la delgadez como objetivo y símbolo de estatus social.
Antes de ser bloqueada por la plataforma TikTok debido a la presión de varias autoridades europeas, esta etiqueta agrupaba millones de vídeos sobre rutinas extremas, dietas rápidas y transformaciones físicas radicales, la mayoría de las veces enfocadas a jóvenes y adolescentes.

Mensaje que aparece en TikTok al escribir el hashtag #SkinnyTok.
Lejos de poner fin a esta tendencia tan peligrosa para la salud, una de sus máximas exponentes, la influencer Liv Schmidt, que acumula más de 300.000 seguidores, multiplicó su fama y creó un grupo en Instagram, denominado The Skinni Société (‘La Sociedad de las Delgadas’), al que solo se podía acceder previo pago, en el que daba consejos para adelgazar con unas dietas muy restrictivas.

Publicación de Liv Schmidt, fundadora de The Skinny Société, en Instagram.
La presión que ejercen algunas autoridades sobre las plataformas para que eviten este tipo de cuentas a veces da sus frutos, y Meta anuló las suscripciones a Skinni Société tras la denuncia de sus prácticas en un reportaje.
Pero al mismo tiempo que se actúa contra estas cuentas surgen muchas otras que idealizan cuerpos extremadamente delgados y estilos de vida restrictivos. Se trata de una avalancha muy difícil de parar en un momento en que plataformas como TikTok, Instagram y YouTube han reemplazado a la televisión y las revistas como principales formadoras de referentes corporales y en que las creadoras de estos contenidos tienen herramientas y recursos para burlar los controles que existen.
Además, este tipo de mensajes circulan sobre todo entre el público adolescente, que es el más vulnerable por cuestiones de desarrollo emocional, búsqueda de aceptación social y exposición constante.
Así pues, el riesgo es doble: por un lado, la presión directa que ejercen los mensajes explícitos; por el otro, la presión indirecta de ver qué modelos y celebridades «triunfan» gracias al hecho de tener cuerpos idealizados.
#3 Efectos del culto a la delgadez en la salud
El bombardeo de mensajes que equiparan delgadez con éxito personal, autocontrol y belleza puede tener serias consecuencias. Por ejemplo:
- Trastornos de la conducta alimentaria (TCA). El deseo extremo de alcanzar un ideal de delgadez lleva a prácticas peligrosas: restricción severa de alimentos, vómitos provocados, uso excesivo de laxantes, práctica de ejercicio de forma compulsiva…
- Insatisfacción corporal permanente. La exposición a modelos corporales irreales se asocia con una mayor insatisfacción, ansiedad, baja autoestima y riesgo de depresión.
- Normalización de conductas de riesgo. Se presentan dietas extremas y rutinas peligrosas como saludables, cuando en realidad pueden derivar en deficiencias nutricionales, trastornos alimentarios y daños metabólicos.
- Aumento de la discriminación y la gordofobia. La obesidad se sitúa como objeto de juicio moral y se ignoran sus causas biológicas, genéticas y sociales.
- Aislamiento social. La presión por mantener la imagen deseada hace que se eviten actividades sociales por temor a la comida o a las críticas, y ello va en detrimento de las amistades y las relaciones familiares.
- Conductas obsesivas y perfeccionismo extremo. La necesidad constante de pesar la comida, medir el cuerpo, hacer ejercicio… conlleva el establecimiento de unas rutinas que suelen acabar dominando la vida cotidiana.
Pero lo más peligroso del culto a la delgadez es que se trata de una tendencia que ya no se basa solo en la estética, sino que se camufla bajo el lenguaje del bienestar y el autocuidado.
Frases como «quiero sentirme más saludable» o «busco la mejor versión de mí» pueden esconder una insatisfacción impulsada por modelos sociales restrictivos. Este enfoque produce culpa y estrés en quienes viven con obesidad, pues se sienten obligados a justificar constantemente sus hábitos, aun cuando hagan esfuerzos por mejorar su bienestar. Para muchas personas, la presión social se traduce en vigilancia y control familiares o médicos, situaciones de discriminación en espacios laborales y dificultades para acceder a tratamientos de salud física y mental sin prejuicio.
#4 Estrategias para hacer frente al culto a la delgadez
Ante la avalancha de mensajes que promueven la delgadez a cualquier precio, es aconsejable adoptar estrategias como las siguientes:
- Cuestionar la autoría y el objetivo del mensaje. Preguntarse quién gana con la presión por adelgazar: ¿una industria, una influencer, una marca?
- Diversificar las fuentes. Seguir movimientos, cuentas y comunidades que representen la diversidad corporal y tengan en cuenta el bienestar genuino y la salud mental.
- Practicar el consumo crítico. No creer en transformaciones instantáneas o promesas milagrosas y priorizar la información basada en evidencias científicas.
- Buscar ayuda profesional. Si la autoimagen, la relación con la comida o el ejercicio generan sufrimiento, acudir a profesionales especializados en salud mental y nutrición.
Así mismo, algunas recomendaciones y pautas para el bienestar que deben tenerse en cuenta son las siguientes:
- Cuidar la alimentación y el movimiento. Priorizar hábitos placenteros y sostenibles, sin obsesionarse con la báscula ni con la estética.
- Construir espacios de diálogo. Hablar abiertamente de inseguridades y presiones ayuda a desactivar la vergüenza y la autoexigencia.
- Favorecer la representación real. Exigir a marcas, medios y campañas mensajes inclusivos y que tengan en cuenta la diversidad corporal real, no solo simbólica.
- Aprender a quererse a uno mismo. La autoaceptación va más allá de la apariencia: implica cuidar la salud mental, el descanso y las relaciones y el entorno social.

The Perfect Body, campaña del portal Dear Kate.
#5 La salud integral como meta
El resurgimiento del culto a la delgadez, a menudo disfrazado con discursos de bienestar y autocuidado, pone de manifiesto que los prejuicios sociales y la presión estética todavía siguen muy presentes.
Se trata de una tendencia que obstaculiza el camino de la aceptación corporal, en especial para quienes viven con obesidad o tienen cuerpos no normativos.
Sin embargo, existen recursos para hacer frente al culto a la delgadez y construir una visión más amplia y saludable del bienestar.
La educación crítica, el apoyo profesional y la defensa de la diversidad corporal son claves para recuperar una visión de la salud integral, en la que el valor personal no se mida solo por el tamaño o la forma del cuerpo, sino por el respeto, el cuidado y la aceptación de uno mismo.




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