La representación de cuerpos diversos, en especial de personas con sobrepeso u obesidad, sigue siendo una asignatura pendiente en la ficción española. Así lo pone de manifiesto el tercer informe contra la gordofobia, publicado por el Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA).
El informe, que se presentó en una mesa redonda en la que participaron la activista e historiadora Tatiana Romero, la activista Magdalena Piñeiro y las actrices Coria Castillo y Anna Marchessi, autoras y protagonistas de la obra teatral Gordas, lisiadas y mamarrachas, revisa más de un centenar de películas y series españolas para analizar cómo aparecen representados distintos colectivos tradicionalmente invisibilizados.
En este tercer informe, dedicado a la gordofobia, se evalúan más de 1.800 personajes que aparecen en 102 películas y 79 temporadas de series estrenadas durante el año 2024.
El análisis no se limita solo a contar cuántos personajes tienen corporalidades no normativas, sino también qué tipo de historias se les asignan, qué estereotipos siguen presentes y cómo se entrecruza la corporalidad con otros factores como la edad, la clase social, la raza o la identidad sexual.
El objetivo no es otro que dejar de hablar de impresiones y empezar a hacerlo a partir de datos.
#1 Mayoría aplastante de cuerpos normativos
Solo alrededor del 9% de los personajes de películas y series españolas analizados tienen una corporalidad no hegemónica, es decir, no encajan en el ideal de belleza y delgadez predominante.
O lo que es lo mismo: menos de 1 de cada 10.
El porcentaje no varía entre cine y series: un 9,19% en las películas y un 9,21% en las ficciones seriadas.
Y eso, en un país donde más de la mitad de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad, es un reflejo muy pobre de la realidad.
Las pantallas, una vez más, parecen más cómodas mostrando cuerpos irreales que reales.
Aunque este porcentaje es un poco más alto que el del año anterior (8%), la mejora es mínima. Este ligero aumento se debe al incremento de personajes con otras corporalidades, sobre todo hombres.
Así pues, seguimos lejos de una representación justa o realista.
#2 La diversidad corporal en segundo plano
Además de contar cuántos personajes con sobrepeso u obesidad aparecen en las pantallas, el estudio también analiza cuáles son sus características y qué importancia tienen en la trama.
Para ello utiliza el denominado Test Divine, que debe su nombre a la icónica artista drag, una herramienta que evalúa a los personajes según tres parámetros:
- Si está claramente identificado como tal.
- Si tiene importancia narrativa.
- Si tiene una trama propia que no gira únicamente en torno a su cuerpo.
Y el resultado es preocupante: solo un 14,29% de los personajes en cine y un 18,63% en series cumplen estos criterios.
De ello se desprende que, incluso cuando aparece un personaje con sobrepeso u obesidad, lo más común es que no tenga una historia propia, que sea un personaje secundario o que su presencia gire alrededor de su peso.
Y esto es importante porque la profundidad narrativa es lo que convierte a un personaje en referente, en alguien con quien identificarse.
No basta con poner a una persona con un cuerpo no normativo en pantalla, sino que lo que realmente hace falta es darle protagonismo y voz más allá de su peso.
#3 Los estereotipos de siempre siguen muy vivos
Uno de los apartados más reveladores del informe es el dedicado a los estereotipos.
Porque si bien hay más presencia de personajes con sobrepeso u obesidad que hace algunos años, la mayor parte siguen encerrados en clichés que conocemos demasiado bien.
- El personaje con sobrepeso u obesidad gracioso. Especialmente en comedia, el sobrepeso o la obesidad se usan como chiste. Los personajes con estas características suelen ser torpes, ruidosos, «el alma de la fiesta»…, pero rara vez son complejos, interesantes o tienen cierto protagonismo. Este es el caso, por ejemplo, de la película Alimañas (Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez, 2023), que apuesta por la extrañeza y ridiculización de los cuerpos. Al contrario de lo que ocurre con la serie Poquita fe (Pepón Montero y Juan Maidagán, 2023), que se apoya en la cotidianidad de rostros y corporalidades diversas.

Imagen promocional de la película Alimañas.
- El personaje obsesionado con la comida. En hombres, este es el estereotipo dominante: aparecen con frecuencia comiendo o hablando de comida, como si su vida girara en exclusiva alrededor de ello. Suelen mostrarse con pasión por comer, rasgo que se asocia con los cuerpos no normativos, pero también con la falta de control, la glotonería o la pereza.
- La mujer insegura por su cuerpo. En mujeres con cuerpos no hegemónicos, la narrativa suele centrarse en la insatisfacción corporal o en la búsqueda de validación externa. Rara vez se retrata a mujeres felices, activas, deseables o dueñas de su propia narrativa. Así ocurre, por ejemplo, en las películas Los buenos modales (Marta Díaz, 2023) y La novia de América (Alfonso Albacete, 2023).
- Asociaciones según el género de la película o la serie. En general, en las comedias los personajes con cuerpos no normativos se asocian con lo ridículo y en los dramas, con lo decadente. También resulta curioso ver como apenas hay cuerpos no hegemónicos en géneros como la fantasía y la ciencia ficción. Como si cuando se imaginan otros mundos solo tuviera cabida la delgadez. E incluso como en producciones históricas se ha obviado que personajes reales tenían sobrepeso u obesidad. Por ejemplo: la figura de Cristina Almeida en Las Abogadas (Patricia Ferreira y Marta Sánchez, 2024) o personajes de La virgen roja (Paula Ortiz, 2024). Esa eliminación del sobrepeso y la obesidad en la historia implica borrar referentes con cuerpos diversos.

Imagen promocional de la serie Las Abogadas, con la actriz Elisabet Casanovas, a la izquierda, en el papel de Cristina Almeida.
#4 La diversidad dentro de la diversidad
El informe también analiza cómo la corporalidad se cruza con otros ejes de identidad. Y los resultados no son alentadores.
- Edad. La mayoría de personas con corporalidades disidentes se concentran en la franja de mayores de 50 años. Esto es un cambio respecto al año pasado, cuando la mitad de la representación de personas con cuerpos de tamaño grande se encontraba entre los 30 y los 50 años. Sin embargo, en las series existe de nuevo mayor concentración en la franja entre 30 y 50 años. Y cuanto más jóvenes son, más comentarios reciben sobre su físico.
- Discapacidad. Un tercio de los cuerpos no hegemónicos analizados pertenecen a personajes con discapacidad, de modo que la discapacidad sigue considerándose como una disidencia, también en el marco de la corporalidad.
- Clase social. En el cine hay más personajes con corporalidades no hegemónicas pobres que ricos, pero en las series ocurre al revés. Lo más relevante es que la corporalidad asociada a la clase sirve para diferenciar a estos personajes del resto dentro de su estamento. En drama, los cuerpos no normativos se asocian con la maldad y, en comedia, con la falta de voluntad y la dejadez.
- Raza. La cantidad de personajes racializados con cuerpos no normativos sigue siendo igual de baja que en años anteriores. Cabe señalar que, en series, las mujeres latinas con cuerpos no normativos acostumbran a dedicarse a la limpieza o al cuidado de ancianos, perpetuando así estereotipos habituales sobre las personas migrantes.
- Colectivo LGBTIQA+. En nuestras pantallas casi no aparecen personajes que combinen corporalidad no normativa e identidad queer, y a los pocos que hay rara vez se les asignan tramas profundas.
Esto nos recuerda que la representación no es solo cuestión de poner cuerpos grandes en pantalla, sino de representar la diversidad real de esos cuerpos.
#5 Queda mucho trabajo por hacer
Los cánones estéticos han hecho que solo exista un modelo de cuerpo posible y el cine y la televisión han sido el medio perfecto para difundir ese ideal de belleza. A pesar de algunos avances en los últimos años, el estudio contra la gordofobia revela que todavía queda mucho trabajo por hacer.
Chistes, humillaciones, burlas, comentarios de otros personajes, tramas centradas en la relación con el cuerpo, especialmente en el caso de las mujeres…, todo esto contribuye a un imaginario que asocia el sobrepeso y la obesidad con la falta de voluntad, la pereza y la dejadez.
Incluso prácticas habituales de la industria audiovisual refuerzan este mensaje, como la transformación física de actores y actrices que engordan o adelgazan para un papel y que se presentan como un acto de sacrificio y profesionalidad.
Es el caso de los actores Eduard Fernández, que engordó 16 kg para su papel en la película Marco (Aitor Arregi y Jon Garaño, 2024), y Hovik Keuchkerian, que aumentó más de 20 kg para interpretar a su personaje en El hoyo 2 (Galder Gaztelu-Urrutia, 2024).

Aunque pueda parecer anecdótico, esta situación revela un problema más profundo: en lugar de contratar a actores y actrices con cuerpos diversos, se traslada el mensaje de que los cuerpos no hegemónicos son un disfraz, algo temporal que un actor o una actriz «de verdad» se quita cuando termina el rodaje.
La cultura audiovisual influye en cómo nos vemos a nosotros mismos. Las películas y las series no solo entretienen, sino que también educan, normalizan, modelan, crean expectativas sobre qué cuerpos son válidos, deseables, protagonistas… y cuáles no.
Si en pantalla solo vemos un tipo de cuerpo, empezamos a creer que es el único permitido.
Si los cuerpos de tamaño grande aparecen solo como chiste, comenzamos a normalizar ese trato.
Si nunca vemos a una persona con un cuerpo no normativo siendo heroína, enamorándose, siendo deseada o respetada, empezamos a asumir que eso no es para la gente corriente.
Por eso informes como este son tan necesarios para poner luz donde antes había intuición y abrir la puerta a debates que la industria audiovisual ya no puede ignorar.
Porque la diversidad corporal no es una moda ni una tendencia: es una realidad social. Y la ficción, si quiere ser relevante, debe reflejarla.




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