Fotograma del NO-DO en el que un candidato a entrar en el Club de los Gordos de Bilbao se somete a la prueba de la báscula.

Auge y caída de la gordura como símbolo de prestigio social

Hoy en día el culto al cuerpo estilizado, la obsesión por la imagen y el auge del postureo en las redes sociales hacen que muchas personas con obesidad queden al margen de la sociedad por el hecho de no cumplir con los cánones de belleza establecidos. Dichas personas son estigmatizadas porque, sin entrar en detalle a conocer las razones de fondo de su obesidad, se considera que se preocupan poco por su salud, que no hacen suficiente ejercicio físico y que comen de todo y en exceso. Hablando en plata, que son las únicas responsables de su obesidad.

Pero la obesidad no siempre estuvo mal vista. A principios del siglo xx la corpulencia se asociaba al hecho de tener una buena posición, de ser rico y de vivir feliz, sobre todo en el caso de los hombres. Para ellos era un orgullo ser gordo y compartían su pasión por la comida y su felicidad con sus semejantes en sociedades restringidas. Eran los llamados clubes de hombres gordos, que surgieron principalmente en Estados Unidos coincidiendo con los felices años veinte.

Estos clubes se expandieron con posterioridad por todo el mundo y llegaron a España, donde, de entre todos, cabe destacar el Club de los Gordos de Bilbao.

Esta es la historia de este club bilbaíno, reflejo de una época en la que, lejos de lo que pasa hoy, las personas gordas despertaban envidias. Se trata de una historia curiosa con la que pretendemos hacernos eco de la “dictadura” de las modas y poner de relieve la importancia de hablar de la dieta más como una forma de vida que como una cuestión de estética y kilos. 

El cuartel general del Club

Corría el mes de abril del año 1943 cuando Nicolás Goirigolzarri Unibaso, bregado en los fogones de la Universidad de Deusto y del Hotel Torróntegui, entre otros sitios, fundó el Restaurante Nicolás en el número 10 de la calle Ledesma de Bilbao. 

Gracias a su buen hacer en la cocina y a sus dotes como comunicador, Nicolás pronto se ganó la confianza de una clientela extensa y fiel. Una década después, en 1953, el restaurante de Nicolás, que ya era un clásico de la gastronomía bilbaína, se convirtió en el cuartel general de una curiosa sociedad gastronómica: el Club de los Gordos de Bilbao. La entidad, que al principio estaba compuesta por una decena de miembros, estaba presidida por el anfitrión. 

Una de las actividades promovidas por la entidad que gozó de más popularidad fue la organización de un partido de fútbol entre “Gordos y Flacos” que acabó convirtiéndose en un acontecimiento clásico de la programación navideña en Bilbao.

La prueba de la báscula

Igual que otras entidades similares surgidas en Estados Unidos, el Club de los Gordos de Bilbao no solo nació con la idea de compartir experiencias gastronómicas en torno a una mesa, sino también como una forma de reivindicar el orgullo y la felicidad de ser gordo. No en vano, el lema del Club era “generosidad, humor y bondad”, características que por aquel entonces se asociaban a las personas con obesidad. A diferencia de la idea que persiste hoy en día de considerarlas como “gordos perezosos”, en aquella época predominaba la imagen del “gordo bonachón y feliz”.  

Formar parte del Club de los Gordos no era tarea fácil. En los estatutos de la sociedad se señalaba que para ser socio había que ser hombre y pesar más de 100 kg. Además, cualquier aspirante se tenía que comprometer a no realizar ejercicio físico. Y si se alcanzaban los 120 kilos, se pasaba de forma automática a ostentar la categoría de socio de honor.

Aparición estelar en el NO-DO

La popularidad del Club de los Gordos de Bilbao fue tal que hasta el NO-DO, el noticiario semanal que durante el régimen de Franco se emitía antes de las películas en los cines, le dedicó un espacio. En este vídeo, de poco más de dos minutos, se explica, con ciertas dosis de humor para la época de la que hablamos, la constitución de la sociedad.

No tiene desperdicio la escena inicial, en la que un aspirante intenta sin éxito falsear su peso con una gran piedra escondida para superar la prueba de la báscula, ni la siguiente, en la que un candidato más bien delgado trata de ganar peso de forma desesperada dándose un atracón de comida.

Fotograma del NO-DO en el que un candidato a entrar en el Club de los Gordos es rechazado tras ser descubierto con una piedra escondida en el abrigo para engañar a la báscula.

Los últimos coletazos del Club

El Club de los Gordos de Bilbao funcionó hasta mediados de la década de 1960 y fue muriendo por inanición. El cambio de la percepción general sobre la obesidad y el interés creciente por la salud y un estilo de vida activo hicieron que el abanico de candidatos a formar parte de la sociedad se redujera al mismo ritmo que la gordura perdía su prestigio social. 

A pesar de que en 1993 Nicolás Fernández, uno de los nuevos dueños del Restaurante Nicolás, intentó refundar el club, la idea no cuajó y la cofradía quedó en el olvido. 

Bibliografía

  • Cristina Caf: “Los defensores de las calorías”. Revista municipal Bilbao, 1993.
  • Laura Caorsi: “Club de los Gordos de Bilbao: debías pesar más de 100 kg y estaba prohibido hacer ejercicio”, lauracaorsi.com, 22/09/21.
  • Sara Navas: “Cuando ser gordo despertaba las envidias del mundo”. El País, 19/06/2016.
  • Jorge Román: “Restaurante Nicolás: el selecto club de los clásicos”. Revista municipal Bilbao, núm. 372, agosto de 2021.

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