La obesidad se ha percibido durante años como un problema relacionado sobre todo con los países ricos. Estados Unidos ha aparecido siempre como el gran ejemplo de una sociedad marcada por el exceso de peso, el sedentarismo y la comida ultraprocesada. Y la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha considerado la obesidad como una epidemia global que avanza sin freno por todo el planeta.
Pero una investigación reciente, publicada en la revista científica Nature, acaba de introducir un matiz importante en este relato: la obesidad ya no crece igual en todo el mundo.
El estudio, elaborado por científicos de la red internacional NCD Risk Factor Collaboration (NCD-RisC), vinculada a instituciones como el Imperial College London y colaboradores de la Organización Mundial de la Salud, muestra que, mientras que el aumento de la obesidad parece haberse ralentizado en varios países desarrollados, en muchos otros de ingresos medios y bajos sigue creciendo.
Según Majid Ezzati, investigador del Imperial College de Londres y uno de los autores principales del estudio, hay que replantearse la expresión «epidemia global» para referirse a la obesidad, ya que define de un modo demasiado simple una realidad mucho más compleja. Es cierto que la obesidad sigue aumentando en el mundo, pero también, según el estudio, que lo hace a distintas velocidades dependiendo del país, del contexto económico y de las condiciones sociales.
Por todo ello, no hay que pensar en absoluto que el problema que representa la obesidad haya desaparecido en Occidente. Al contrario, sigue siendo uno de los grandes desafíos de salud pública del siglo XXI. Pero sí que revela un nuevo dato muy importante: el mapa mundial de la obesidad está cambiando.
#1 Un poco de luz al final del túnel
Las cifras de obesidad no han parado de crecer en las últimas décadas. Por eso, uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio ha sido comprobar que algunos países desarrollados empiezan a mostrar señales de estabilización.
El crecimiento se ha ralentizado en determinados lugares e incluso ha comenzado a revertirse en algunos grupos de población.
Y el estudio, realizado con datos de 232 millones de personas de más de 200 países y territorios entre 1980 y 2024, pone nombres y apellidos.
Por ejemplo, Dinamarca, que ha sido uno de los primeros países que logró frenar el aumento de la obesidad infantil a principios de la década de 1990. Una tendencia que más tarde siguieron otros estados europeos, como Islandia, Suiza, Bélgica y Alemania. Hasta el punto que, a mediados del 2000, muchos países ricos ya habían conseguido estabilizar parcialmente las cifras, sobre todo entre menores

En adultos, el fenómeno llegó algo más tarde, primero en mujeres y después en hombres.
El estudio también destaca que en países como España e Italia la velocidad de expansión de la obesidad adulta llegó a volverse negativa en algunos grupos, lo que significa que las cifras empezaron a disminuir ligeramente.
Para muchos expertos, esto supone un poco de luz al final del túnel, aunque no significa ni mucho menos que el problema esté resuelto porque las cifras siguen siendo muy elevadas y la obesidad continúa afectando a millones de personas.
#2 Diferencias entre países ricos
El estudio también deja claro que incluso dentro de los países desarrollados existen diferencias enormes.
En los países de la Europa occidental y en Japón, por ejemplo, la estabilización se produjo con niveles relativamente moderados. En estos estados, la ralentización llegó cuando las prevalencias eran de entre el 4% y el 15% en menores y del 11% al 23% en adultos.
En cambio, en los países anglosajones, como, por ejemplo, Estados Unidos y Nueva Zelanda, el freno llegó cuando las cifras ya eran muchísimo más altas (entre el 25% y el 43% de la población adulta y entre el 7% y el 23% en menores).
Estos datos revelan que, a pesar de que la reversión en el ritmo de crecimiento de la obesidad fue mayoritaria en los países ricos, no tuvo lugar al mismo tiempo. Y tampoco fue general, pues, tal y como reflejan los datos del estudio, en Finlandia, tanto en hombres como en mujeres, y en Noruega y Bélgica, entre las mujeres, el aumento de la prevalencia de obesidad no ha parado de crecer.
#3 Más obesidad en los países pobres
La otra cara del estudio es mucho menos positiva. Mientras que en algunas regiones y países ricos el ritmo de crecimiento de la obesidad parece estabilizarse, numerosos países de ingresos medios y bajos están viviendo justo ahora el auge más fuerte de obesidad de su historia.
Y ahí aparece una enorme brecha de desigualdad.
En 2024, la velocidad de crecimiento de la obesidad fue la mayor registrada hasta ahora en más de un centenar de países, en especial en zonas con ingresos medios o bajos.
La investigación muestra que el problema avanza con fuerza en algunas partes de América Latina, Oriente Medio, África y Asia.
Y lo hace, además, en contextos muy diferentes.
Sudamérica aparece como uno de los ejemplos más claros de esta aceleración.

En Perú, por ejemplo, el 19% de los niños varones tenía obesidad en 2024 y las cifras continúan aumentando.
También se observan incrementos importantes entre niñas y adolescentes en países como Colombia, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina.
Y entre la población adulta la tendencia tampoco se detiene.
Brasil y Perú siguen registrando aumentos acelerados tanto en hombres como en mujeres. Y en otros estados, como Ecuador y Bolivia, las cifras entre los hombres adultos continúan creciendo de forma muy rápida.
Chile representa otro ejemplo muy llamativo: el 26% de las niñas tiene obesidad y el 31% de los niños también. Así mismo, casi la mitad de las mujeres adultas vive con esta condición
Y en México la obesidad ya afecta a más del 40% de las mujeres adultas.
#4 La teoría de la transición
Los autores del estudio hacen referencia a la llamada «teoría de la transición de la obesidad» para explicar los ritmos diferentes de aceleración y desaceleración de la prevalencia de la obesidad en las diferentes zonas del mundo.
Según esta teoría, en una primera etapa, subpoblaciones femeninas, ricas y urbanas experimentan un crecimiento de la obesidad; en la segunda fase, sigue creciendo la prevalencia, sobre todo entre hombres y niños de clase alta; en el tercer nivel, la obesidad se vuelve más común entre la población con menor poder adquisitivo, sobre todo en las mujeres; al llegar a la cuarta etapa, la prevalencia disminuye en niños y mujeres de clase alta.
Por todo ello, según los investigadores, la última fase podría estar comenzando en algunos países ricos, como Francia, Portugal e Italia. En cambio, en los países pobres ahora mismo nos encontraríamos en las etapas iniciales.
Para explicar estos cambios, los investigadores también hablan de «transición nutricional».Según esta tesis, a medida que las sociedades se urbanizan y aumentan sus ingresos, cambian también los hábitos de vida y alimentación.
Así pues, en muchos lugares donde antes predominaban la comida casera y la actividad física ahora se ha incrementado el consumo de alimentos ultraprocesados, debido a la falta de tiempo para cocinar, y de bebidas azucaradas y el sedentarismo, propiciado por el uso intensivo de tecnología tanto en el ámbito laboral como en el tiempo de ocio.
Es decir, muchos países están viviendo en apenas unos años unos cambios que en Europa o Estados Unidos se produjeron hace tiempo y duraron décadas.
#5 El papel de los nuevos medicamentos
El estudio publicado en Nature considera que los nuevos fármacos antiobesidad, como Ozempic y tratamientos similares, todavía son demasiado recientes como para haber influido de forma clara en las tendencias globales observadas hasta 2024.
Los autores explican que, durante el periodo analizado, el acceso a estos medicamentos seguía siendo bastante limitado, por lo que su impacto sobre las cifras mundiales de obesidad sería aún reducido. Aun así, creen que estos tratamientos podrían desempeñar un papel importante en el futuro.
Eso sí, también advierten de un posible problema: el elevado coste de estos medicamentos y las diferencias en el acceso entre sistemas sanitarios públicos y privados podrían aumentar todavía más las desigualdades sociales relacionadas con la obesidad. Es decir, existe el riesgo de que solo determinadas personas puedan beneficiarse de ellos.

#6 Un problema más complejo de lo que parece
La principal conclusión de este estudio es clara: la obesidad sigue siendo una de las grandes amenazas para la salud mundial, pero ya no evoluciona igual en todas partes. Mientras que algunos países ricos parecen entrar en una fase de estabilización, otras regiones más pobres atraviesan todavía un crecimiento acelerado.
Esta tendencia pone de manifiesto que la obesidad no debe entenderse solo como una cuestión individual o de falta de voluntad, sino que se trata de un problema que está estrechamente ligado a factores económicos, sociales y culturales, como, por ejemplo, el nivel de ingresos, el acceso a zonas donde poder realizar actividades físicas y los cambios culturales.
El reto sigue siendo enorme, sobre todo en los países más vulnerables, pero esta investigación también abre una puerta a la esperanza: si algunos países han conseguido frenar parcialmente esta tendencia, esto significa que cambiar el rumbo sí es posible.

