Sistema de etiquetado Nutriscore de la A (alimentos más saludables) a la E (menos saludables)

Luces y sombras del etiquetado nutricional Nutriscore

El abordaje de la obesidad es una de las principales preocupaciones de la salud pública a nivel mundial, y España no es la excepción. Con más del 53 % de la población con sobrepeso u obesidad, según datos recientes, las autoridades han adoptado diversas medidas para combatir este problema.

Una de las iniciativas más destacadas ha sido la implementación del sistema de etiquetado Nutriscore en la parte frontal de los envases, una herramienta que busca simplificar la información nutricional para los consumidores.

A pesar de sus buenas intenciones, y tras cuatro años implantado en España, todavía hoy este semáforo nutricional sigue levantando controversia y generado tanto elogios como críticas.

En Demos el PASO hemos desempolvado la bata blanca de investigadores del armario y hemos puesto el sistema de etiquetado Nutriscore bajo la lupa.

El resultado de nuestras pesquisas es el artículo que puedes leer a continuación.

#1 ¿Qué es Nutriscore?

Nutriscore es un sistema de etiquetado frontal que clasifica los alimentos en una escala de cinco letras y colores, desde la A verde oscuro (la mejor opción) hasta la E roja (la elección menos saludable). Entre los dos extremos están la B (verde claro), la C (amarillo) y la D (naranja).

Este código de colores tiene como objetivo ayudar a los consumidores a tomar decisiones a la hora de comprar alimentos de manera rápida y sencilla. Para ello, evalúa su calidad nutricional en función de un algoritmo que considera nutrientes beneficiosos, como verduras, fibra, proteínas, frutas, aceite de oliva, y componentes menos saludables, como grasas saturadas, azúcares, sal y energía, por cada 100 g o 100 ml de producto.

El sistema en el que se basa Nutriscore fue creado en 2005 por investigadores de la Universidad de Oxford con el objetivo inicial de regular la publicidad dirigida a los niños. La Food Standards Agency (FSA) del Reino Unido, una agencia de normas alimentarias independiente del Gobierno, lo aprobó en 2017. Poco después, Francia se convirtió en el primer país de la Unión Europea (UE) en adoptar este sistema de etiquetado. Posteriormente, se sumaron otros Estados miembros de la UE, como Bélgica y Alemania. España implantó el sistema de etiquetado Nutriscore en 2021.

El algoritmo de Nutriscore se revisa y actualiza basándose en los informes del Comité Científico de Nutriscore, según el progreso de los conocimientos científicos y los intereses de la salud pública.

La última actualización del algoritmo, aplicable desde el 1 de enero de 2024, se hizo para mejorar la diferenciación entre alimentos con contenido de sal y de azúcar y entre alimentos de cereales ricos en fibra y alimentos refinados. Así mismo, se mejoró la clasificación de los pescados grasos, de los aceites con bajo contenido en grasas saturadas y de la carne de aves y conejo en comparación con la carne roja.

En lo que respecta a las bebidas, la leche, las bebidas a base de leche y las de origen vegetal se incluyeron en este algoritmo como bebidas y no como alimentos generales, como estaban anteriormente. Además, se mejoró la diferenciación de las bebidas de acuerdo con su contenido de azúcar, en particular con las de bajo contenido en azúcar, y se modificó el algoritmo que limita el incentivo para la utilización de edulcorantes artificiales.

#2 Ventajas del sistema

El consumo excesivo de azúcares, grasas y sodio es un problema de salud pública que se asocia a las enfermedades no transmisibles que más afectan a la población: sobrepeso u obesidad, diabetes, hipertensión arterial, enfermedades vasculares, cardíacas, cerebrales y renales.

La ingesta desmesurada de estos nutrientes es resultado, en gran medida, de la amplia disponibilidad, asequibilidad y promoción de alimentos procesados y ultraprocesados, que contienen cantidades excesivas de azúcares, grasas y sodio.

Existe un gran consenso al considerar que una medida imprescindible para contrarrestar este hábito debe ser la aplicación de leyes y regulaciones que reduzcan la demanda y la oferta de productos que contienen cantidades excesivas de nutrientes críticos.

Y en este sentido, también hay un acuerdo unánime en que una de las herramientas esenciales para regular esos productos con el objeto de prevenir el desequilibrio en la alimentación es la utilización de etiquetas en la parte frontal de los envases que indiquen a los consumidores que el producto contiene cantidades excesivas de azúcares, grasas totales, grasas saturadas, grasas trans y sodio.

A partir de este consenso, y una vez implementado el sistema de etiquetado Nutriscore, sus defensores destacan su simplicidad y facilidad de comprensión. Para un consumidor medio, este sistema de etiquetado supone una guía rápida y visual sobre la calidad nutricional de un producto, sin necesidad de tener que interpretar tablas complicadas de nutrientes.

Este sistema de etiquetado da respuesta a la necesidad cada vez más creciente por parte de los consumidores de estar mejor informados, ya sea en lo que respecta a la información nutricional, al impacto de los productos y sus envases en el medio ambiente y a las advertencias y declaraciones de propiedades saludables.

Todo ello tiene un efecto positivo en la elección de alimentos por parte de los consumidores y, por lo tanto, en su salud, tal y como han demostrado algunos estudios en países como Francia y Alemania.

#3 Críticas y controversias

Sin embargo, Nutriscore no está exento de críticas. Una de las principales es que su algoritmo no siempre refleja de manera precisa la calidad nutricional de ciertos productos.

Por ejemplo, alimentos procesados como cereales azucarados pueden obtener una puntuación alta debido a la presencia de fibra, mientras que alimentos tradicionales y saludables, como el aceite de oliva virgen, pueden recibir una puntuación baja por su alto contenido en grasas saturadas, mientras que no se valoran las monoinsaturadas o poliinsaturadas.

Este enfoque ha generado controversias, sobre todo en países mediterráneos como España, donde el aceite de oliva es un pilar de la dieta tradicional.

Algo parecido ocurre con la leche, puesto que la entera está peor valorada que la desnatada según los criterios de Nutriscore, que no considera nutrientes como el calcio, el fósforo, el magnesio, el yodo, el zinc o los ácidos grasos de larga cadena en la leche.

Otro aspecto negativo que se suele destacar es el hecho de que, a pesar de que Nutriscore no es obligatorio para las empresas, muchas de ellas lo incorporen y asuman tener en el mercado productos que ostentan la etiqueta E, es decir, la que peor valora a los alimentos. Esta contradicción se da porque, cuando una marca decide implementar este sistema de etiquetado, entonces sí que está obligada a aplicarlo a todos sus productos.

De este modo, las empresas tienen que valorar si es bueno para su imagen y reputación tener productos con muy buenas puntuaciones y, a su vez, otros que no salen tan airosos y que están disponibles en las estanterías de los supermercados con las peores calificaciones. 

Las marcas están al corriente de este contrasentido: hay algunas que asumen el riesgo y deciden aplicar el sistema de etiquetado para potenciar sus productos mejor calificados, a pesar de tener otros que ostentan la E, y otras que prefieren abandonar Nutriscore por este motivo.

La actualización del algoritmo en 2024 tampoco ha estado exenta de críticas. Desde que se llevó a cabo esta modificación se penalizan los edulcorantes en las bebidas, pero no en los sólidos. De este modo, algún producto líquido que antes de la actualización ostentaba una A ahora puede haber descendido en la escala de alimentos saludables y tener una B o una C.

Finalmente, aunque para algunas empresas y marcas Nutriscore ha supuesto un incentivo para reformular sus productos y hacerlos más saludables, también se ha criticado el hecho de que algunos productores podrían manipular las recetas para obtener mejores puntuaciones, sin que ello supusiera mejorar la calidad real del alimento.

Además, también se ha señalado que el sistema favorece a los productos industriales frente a los alimentos frescos y sin procesar, lo que podría contradecir las recomendaciones de salud pública.

#4 ¿Una solución completa?

Si bien el sistema de etiquetado Nutriscore supone un paso hacia adelante en la lucha contra la obesidad, no puede considerarse una solución completa. La educación alimentaria sigue siendo crucial para que los consumidores puedan interpretar el etiquetado y tomar decisiones informadas. Además, los expertos sugieren que es necesario para que refleje mejor las características nutricionales de alimentos clave en diferentes culturas y regiones.

Es evidente que Nutriscore es una herramienta útil, pero ello no quita que no esté exenta de limitaciones. Su implementación en España pone de manifiesto la voluntad por abordar el problema de la obesidad, pero es necesario mejorar su algoritmo y complementar su uso con estrategias educativas y políticas más amplias.

En definitiva, el abordaje de la obesidad requiere un enfoque integral que incluya no solo herramientas como Nutriscore, sino también iniciativas que promuevan una dieta equilibrada basada en alimentos frescos y tradicionales.

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