El privilegio de poder comer lo que te apetezca sin atraer miradas ni recibir reproches

Fíjate en la fotografía que encabeza este post. ¿Cómo la describirías?

La mayoría de la gente respondería que es una imagen en la que aparece un hombre comiéndose un helado.

Algunas personas irían más allá y añadirían que se trata de un hombre gordo.

Y entre todas estas personas habría un gran número que pensarían que un helado no es la mejor opción para una persona con semejante cuerpo y que si tiene sobrepeso u obesidad es porque no se cuida.

Algo que probablemente no ocurriría si el hombre de la fotografía que se está comiendo un helado fuese delgado o tuviera un cuerpo más pequeño.

Estos pensamientos hacia ciertas actitudes de personas con sobrepeso u obesidad, tanto si se manifiestan en público como si no, responden, según algunos expertos, a un concepto que se denomina thin privilege, o sea, ‘privilegio de las personas delgadas’ o ‘privilegio de la delgadez’.

Es decir, ciertas ventajas de las que disfrutan las personas delgadas respecto a las que tienen sobrepeso u obesidad y que, por el hecho de estar tan normalizadas, ni las mismas personas que se benefician de ellas saben ni tan siquiera que las tienen.

Por ejemplo, comerse un helado por la calle con total tranquilidad sin que nadie te mire mal o te reproche nada.

En este artículo vamos a profundizar un poco en este concepto, que como todo en la vida tiene defensores y detractores, y en cómo afecta en su día a día a las personas que no lo tienen.

¿Nos acompañas?

¿Qué es el thin privilege?

El thin privilege, que en español traducimos como ‘privilegio de la delgadez’ o ‘de las personas delgadas’, es un concepto que surge en el entorno de los movimientos de aceptación de la gordura y de la liberación del cuerpo.

Se trata de una expresión que, siempre según sus defensores, sirve para acuñar todas las ventajas sociales, económicas y prácticas que una persona obtiene por el hecho de ser delgada o de tener un cuerpo pequeño.

Dichos rasgos, que en muchos casos vienen de nacimiento o son naturales, dan a estas personas ventajas explícitas e implícitas en la sociedad, al igual que, por ejemplo, el hecho de ser blanco, hombre o heterosexual.

Entre estas ventajas, por ejemplo, está el hecho de no tener que pensar si puedes caber entre las mesas de un restaurante, en el asiento de un autobús o en la butaca de un cine, si lo tendrás fácil para comprar ropa de tu talla o si podrás comer en un restaurante sin que la gente te mire.

Los espacios públicos y el mobiliario urbano ―asientos de los transportes públicos, localidades de los establecimientos de ocio, espacio de los servicios públicos, sillas y mesas de restaurantes, bancos de las plazas― están diseñados pensando en personas con cuerpos pequeños, es decir, cuerpos normativos según los cánones sociales, con lo que las personas que no cumplen con estos estándares quedan excluidas.

A todo ello hay que añadir que, en muchos casos, las personas con sobrepeso u obesidad sufren acoso, son discriminadas en el mercado laboral y reciben una atención médica de menor calidad. Es cierto que estas situaciones también se pueden dar en personas con cuerpos más pequeños, pero en la comparativa siempre salen “ganando” las primeras.

Por otra parte, en el cine y la televisión las personas con cuerpos grandes suelen ser retratadas como rudas, agresivas e impopulares, lo que inculca estereotipos negativos en nuestra psique: sufrir obesidad se ve como una expresión de tener un estilo de vida irresponsable. 

¿Qué ventajas ofrece el privilegio delgado?

Ya hemos visto algunas de las ventajas de las que disfrutan las personas que gozan del privilegio de la delgadez. A continuación enumeramos algunas más:

  • Poder ir de compras y no tener que pagar por la “tela extra” que se utiliza para hacer la ropa de talla grande
  • Poder coger un avión sin tener que pagar por un asiento extra.
  • Poder acudir a una entrevista de trabajo en la que te valoren solo por tus capacidades y méritos profesionales.
  • Poder acudir a una cita con un médico sin tener que preocuparte por si la visita se centrará en exceso en la pérdida de peso o en la dieta
  • Poder entrar en un gimnasio sin tener que soportar miradas ni escuchar murmullos y risas.
  • Poder publicar fotografías en las redes sociales comiendo o relajándote sin que te acusen de promover la obesidad ni recibir comentarios ofensivos.
  • Poder ir a una playa o a una piscina pública con el bañador que te gusta sin atraer miradas ni comentarios.
  • Poder comer lo que te apetezca sin que los ojos de los demás se posen sobre tu plato o hagan comentarios agresivos sobre tus elecciones.

Cuando coger un autobús o viajar en avión es un drama

Una usuaria de Instagram, Fátima Ayuso (@fayuso21), publicaba un comentario en esta red social en el que explicaba muy bien la angustia que le supone una situación que cualquier persona con un cuerpo más pequeño ni tan siquiera se habrá planteado nunca. En su comentario Fátima decía lo siguiente:

“Llevo toda la vida odiando el transporte público porque me siento incómoda, vulnerable… ¡Ni qué decir de volar! ¡Me genera tanta tensión, tanto miedo…! ¡A veces he viajado 8 horas en avión con tanta tensión en el cuerpo que he tenido agujetas! Las miradas, los comentarios, el roce… Ser gorda en esos asientos tan pequeños es una de mis mayores pesadillas. Y mira que no me molestan los kilos, pero esta es una de esas situaciones que me hacen sentir como una niña indefensa y abandonada.”

Y otra instagramer, @chronically_sofia, le contestaba:

“Es horrible. Siempre espero que nadie se siente a mi lado por eso mismo. Por no quitarles espacio, por no ‘cahafarles’. Y si pasa, siempre intento apretarme bien contra la ventanilla y hacerme lo más pequeña posible”.

¿Es necesario que algunas personas tengan que sufrir este calvario cuando cogen un autobús o viajan en avión?

Persona con sobrepeso sentada en un asiento de un transporte público.

Un matiz importante

El hecho de que una persona tenga privilegios de delgadez no significa que nunca haya tenido problemas con su imagen corporal. Algunas personas delgadas también se sienten incómodas con su cuerpo por ser “demasiado” flacas y ello les puede provocar inseguridades, malestar y problemas de salud.

En el fondo, las personas delgadas también sufren la presión de la sociedad de la imagen y del culto al cuerpo. Vivimos en un entorno en el que la delgadez se ve como un signo de salud, estatus y virtud moral, y ello hace que algunas personas con cuerpos pequeños puedan caer en hábitos poco saludables en torno a la alimentación y el ejercicio para conseguir el privilegio de la delgadez o para mantenerlo.

Erradicar la estigmatización es cosa de todos

Hemos visto como algo tan sencillo como sentarse en el asiento de un autobús o de un avión puede suponer un auténtico calvario para algunas personas con cuerpos grandes. Sin duda, la implicación de las administraciones para mejorar la vida y la dignidad de estas personas es más que nunca necesaria.

Pero más allá de todo esto se echa de menos una mayor empatía por parte de una sociedad que en líneas generales sigue tratando con crueldad a las personas cuyos cuerpos no cumplen con los cánones establecidos. Y en este sentido la educación, la información y la divulgación son tres pilares indiscutibles en los que las administraciones también tienen una gran responsabilidad.

Y tú, ¿te consideras una persona privilegiada por el hecho de tener un cuerpo delgado? ¿O, por el contrario, te encuentras en el extremo opuesto y has vivido en primera persona alguna de las situaciones que hemos relatado?

¡Déjanos tu comentario y estaremos encantados de leerte!

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