La obesidad es una enfermedad compleja y multifactorial que mantiene una relación bidireccional inseparable con la salud mental. Por un lado, el hecho de tener una salud mental inadecuada puede influir en el desarrollo de la obesidad. Por el otro, el hecho de vivir con obesidad puede desencadenar o agravar trastornos emocionales como la ansiedad y la depresión.
Según varios estudios, la obesidad incrementa en un 30 % el riesgo de desencadenar un trastorno de ansiedad y en un 40 % la posibilidad de desarrollar síntomas de ansiedad. Asimismo, las personas con obesidad tienen un 55 % más de riesgo de desarrollar depresión con el tiempo, mientras que las personas con depresión tienen un 58 % más de riesgo de tener obesidad.
De todo ello se desprende que abordar la obesidad sin atender a los factores emocionales y psicológicos es tratar solo una parte de la enfermedad y que es necesario llevar a cabo un enfoque integral, que contemple tanto la mente como el cuerpo, para conseguir resultados sostenibles.
Así lo pusieron de manifiesto representantes de varias entidades, como la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), que, con motivo del Día Mundial de la Obesidad, celebrado el 4 de marzo, presentaron la campaña «Obesidad, con corazón. Tú también formas parte de la solución».

Con esta campaña dichas entidades se sumaron al lema «Changing Systems. Healthier Lives», de la Federación Mundial de Obesidad, cuya finalidad es invitar a reflexionar sobre cómo los diferentes sistemas pueden ayudar a mejorar el abordaje de la obesidad, poniendo el foco, especialmente, en el entorno directo del paciente y en la sociedad en general.
#1 La alimentación emocional
Aproximadamente en la mitad de las personas que tienen sobrepeso u obesidad se observa una conducta que recibe el nombre de alimentación emocional. Este fenómeno, que tiene lugar a nivel cerebral, hace que las personas con obesidad experimenten alteraciones en los mecanismos que regulan el hambre y la saciedad, con una mayor necesidad de ingesta para sentir satisfacción. Dicha situación está relacionada con la sensación de recompensa y desmiente el mito de que la obesidad es solo cuestión de fuerza de voluntad.

La relación con la comida se construye desde la infancia, a través del aprendizaje y la educación. Así pues, el hecho de «premiar» a los niños con alimentos altamente calóricos puede generar patrones difíciles de romper en la etapa adulta. En cambio, el fomento de hábitos saludables desde edades muy tempranas ayuda a desarrollar una mejor relación con la comida.
Los patrones adquiridos durante la infancia se pueden modificar con un abordaje multidisciplinar. Psicólogos, médicos, nutricionistas y especialistas en actividad física pueden ayudar a las personas con obesidad a mejorar su relación con la alimentación y a adoptar hábitos más saludables de forma sostenible.
#2 Las distintas caras de la obesidad
Durante el acto de lanzamiento de la campaña «Obesidad, con corazón. Tú también formas parte de la solución», se presentó un documento que describe cuatro perfiles psicológicos de personas con obesidad. Con el objetivo de involucrar al entorno más cercano al paciente y a la sociedad en general, la gran novedad de dicho documento es la serie de recomendaciones que da para interactuar con cada uno de estos perfiles y reducir su carga emocional.
1. Obesidad infantil en un entorno familiar inestable. Alejandro, de 10 años, vive en un entorno con las características siguientes:
- Vulnerabilidad socioeconómica.
- Ambiente familiar poco armonioso y comunicativo.
- Estrés psicológico y emocional.
- Desarrollo de la obesidad difícil de revertir sin un abordaje integral.
Recomendaciones
- No culpar ni juzgar, y mostrar empatía para que se sienta cómodo y pida ayuda.
- Evitar responsabilizar al niño y a su familia.
- Incorporar un estilo de vida saludable evitando las dietas restrictivas y los alimentos prohibidos.
- Permanecer alerta ante cambios en la ingesta alimentaria (atracones, pérdida de apetito, comer a escondidas).
2. Estigmatización social en la adolescencia. En la vida de Sara, de 16 años, se dan estos patrones:
- Estigmatización en el entorno familiar y/o social.
- Conductas alimentarias desordenadas.
- Ansiedad social por miedo a la crítica o a la discriminación.
- Sentimiento de culpabilidad y sensación de soledad.
Recomendaciones
- Evitar los comentarios críticos sobre el físico de los demás, que tienen un impacto negativo sobre la salud física y emocional de quien los recibe.
- No utilizar el estigma como motivación para el cambio, ya que puede ser contraproducente y aumentar las barreras para un tratamiento.
3. Obesidad y depresión. Las circunstancias de Carlos, de 42 años, son las siguientes:
- Situación de duelo.
- Ausencia de motivación y energía.
- Sensación de soledad y aislamiento social.
- Comida como refugio emocional.
- Agravamiento de la obesidad.

Recomendaciones
- Mostrar preocupación por el sufrimiento de la persona y no por su físico.
- Incentivar el abordaje multidisciplinar y el seguimiento por parte de profesionales sanitarios.
- No responsabilizar a la persona por su peso porque podría aumentar su sensación de fracaso y hacer que se alejara de una posible ayuda sanitaria.
- Entender y trasladar la complejidad de la asociación bidireccional entre obesidad y depresión, y no dar pautas de estilo de vida saludable.
- Evitar analizar y tratar la obesidad como un problema exclusivamente relacionado con la alimentación.
4. Obesidad por trastorno de conducta alimentaria (TCA). Raquel, de 33 años, presenta los patrones de comportamiento siguientes:
- Baja autoestima.
- Sentimiento de culpa.
- Pérdida de control.
- Aislamiento social.
Recomendaciones
- Comprender que todos los trastornos alimentarios derivan de problemas de salud mental con aspectos en común: baja autoestima, insatisfacción corporal, dificultades en la regulación emocional, problemas interpersonales, etc.
- Intervenir el trastorno de salud mental.
- Abordar el TCA de forma personalizada y multidisciplinar, con la intervención de diferentes profesionales de salud física y mental.
- No plantear la pérdida de peso como solución al TCA: aunque abordar la obesidad mejore el trastorno, este necesita una intervención específica.
- Evitar utilizar técnicas basadas en la fuerza de voluntad o el autocontrol.
En definitiva, se trata de acercar el lado más humano y las variables psicológicas a la parte clínica y comprender cómo cada perfil psicológico puede influir en el desarrollo y el mantenimiento de la obesidad.
A partir del conocimiento de la historia de vida de una persona con obesidad resulta más sencillo saber cómo tratar la enfermedad de la manera más efectiva.


