Báscula de baño digital

La salud más allá de la báscula y del peso

Hoy en día, entre los numerosos aparatos tecnológicos que conviven con nosotros en nuestras casas, hay uno que forma parte del paisaje particular de casi todos los baños: la báscula.

La comercialización masiva de básculas domésticas, analógicas primero y electrónicas después, se produjo en el siglo XX como consecuencia de la obsesión cada vez mayor por el peso. Tal es el caso que desde entonces llevan instaladas con total naturalidad en los baños de las casas particulares y que el control del peso se ha convertido en una rutina prácticamente diaria para muchas personas.

La perspectiva de considerar el peso como un indicador central de la salud se conoce con el nombre de pesocentrismo.

¿Pero de dónde viene esta tendencia que sitúa el peso en el centro de nuestras vidas?

¿Qué relación tiene con el Índice de Masa Corporal (IMC)?

¿Cuáles son las alternativas al pesocentrismo?

En este artículo respondemos a estas y otras preguntas con el objetivo de situar la importancia del peso en su justa medida entre los parámetros a tener en cuenta a la hora de valorar la salud.

#1 ¿Qué es el pesocentrismo?

El pesocentrismo o perspectiva pesocentrista es un enfoque que concibe al peso como un indicador suficiente para clasificar a las personas como sanas y enfermas.  

Se trata de un concepto históricamente muy arraigado entre la población que asocia el hecho de tener un peso “normal” con buena salud y de tener un peso elevado con mala salud.

Aunque conceptos como la dieta han estado presentes desde la época de la Antigua Grecia, la obsesión por el peso se acentuó en el siglo XIX, sobre todo entre las clases acomodadas.

Ya en el siglo XX la obsesión por situar el peso en el centro se generalizó entre todas las clases sociales y la comercialización de las básculas domésticas vivió su punto más álgido.

Hoy en día la perspectiva pesocentrista sigue teniendo un papel muy predominante en nuestra sociedad, aunque, como veremos más adelante, cada vez son más los profesionales que, en contraposición, promueven el enfoque en la salud y el bienestar integral, más allá del peso corporal.

#2 A vueltas con el IMC

Una de las máximas expresiones del pesocentrismo en nuestra sociedad es el auge del Índice de Masa Corporal (IMC). A estas alturas, pocas personas habrá que no hayan aplicado alguna vez esta fórmula, consistente en dividir el peso, expresado en kilos, entre la estatura, en metros, elevada al cuadrado (kg/m2), para conocer si su peso es el “correcto” en función de su estatura.

Ideado por el estadístico belga Adolphe Quetelet a principios del siglo XIX para evaluar el estado nutricional de las poblaciones, el término Índice de Masa Corporal, sin embargo, fue acuñado por el fisiólogo estadounidense Ancel Keys en la década de 1970.

Keys popularizó el uso del IMC como una medida práctica y ampliamente aceptada para evaluar el peso corporal en relación con la altura.

El IMC está omnipresente en nuestra sociedad de tal modo que en internet existen una gran cantidad de sitios web que facilitan su cálculo de forma rápida y sencilla.

Aunque todavía hoy el IMC se utiliza en todo el mundo como una herramienta para la evaluación rápida del estado nutricional y el riesgo de obesidad en individuos y poblaciones, cada vez hay más profesionales de la salud que ponen en duda su uso.

Entre las razones por las que actualmente el uso del IMC está en cuestión destacamos las siguientes:

  • El IMC no distingue entre la masa muscular y la grasa corporal, lo que significa que dos personas con el mismo IMC pueden tener composiciones corporales muy diferentes.
  • El IMC no tiene en cuenta la distribución de la grasa corporal, que es un factor importante en la salud. La grasa visceral, que se acumula alrededor de los órganos internos, está más estrechamente relacionada con el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas que la grasa subcutánea, que se acumula debajo de la piel.
  • El IMC no considera la composición corporal total, incluyendo la proporción de grasa corporal, masa muscular, hueso y agua. Esto significa que una persona con un IMC dentro del rango «normal» podría tener un porcentaje de grasa corporal alto y, por lo tanto, un mayor riesgo de dolencias relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
  • El IMC no tiene en cuenta la edad ni el sexo de la persona, lo que puede afectar la distribución de la grasa corporal y el riesgo de enfermedades relacionadas con el peso.

#3 Las alternativas al pesocentrimo

Las alternativas al pesocentrismo se centran en promover una perspectiva más inclusiva y saludable respecto al cuerpo y la imagen corporal y unos tratamientos cuyo objetivo no es que el paciente baje unos determinados kilos de peso, sino que su salud mejore.

Algunas de estas alternativas incluyen los siguientes aspectos:

  • Enfoque en la salud. En lugar de enfocarse en exclusiva en el peso corporal, se promueve la adopción de hábitos de vida saludables que incluyan una alimentación equilibrada, la práctica regular de ejercicio físico y el cuidado integral de la salud mental y emocional.
  • Salud en todas las tallas. Se reconoce que la salud no está determinada solo por el peso corporal y que las personas de diferentes tamaños y formas pueden tener niveles de salud variados. Se destaca la importancia de realizar evaluaciones médicas completas y personalizadas que consideren diversos factores de salud, no solo el peso.
  • Enfoque en la diversidad corporal. Se promueve la aceptación de la diversidad de formas y tamaños corporales. Se reconoce que todos los cuerpos son válidos y dignos de respeto, más allá de su conformidad con los estándares de belleza convencionales.
  • Promoción de la autoaceptación y la autoestima. Se fomenta el desarrollo de una relación positiva con el propio cuerpo, basada en la aceptación, el cuidado y el amor propio. Se trabaja en la construcción de una autoestima sólida que no dependa del cumplimiento de estándares externos de belleza.
  • Lucha contra la discriminación por el peso. Se combate la discriminación y la estigmatización basadas en el peso corporal, promoviendo la inclusión y el respeto hacia todas las personas, tengan la apariencia física que tengan.
  • Educación sobre la imagen corporal y los trastornos alimentarios. Se informa y se educa sobre la importancia de una imagen corporal positiva y sobre los riesgos relacionados con la obsesión por el peso y los trastornos alimentarios, con el objetivo de prevenir su desarrollo y preservar la salud mental

En definitiva, el peso es un parámetro importante, pero siempre en su justa medida. No se trata de esconder la báscula o de tirarla a la basura. Utilizarla de vez en cuando para llevar un mínimo control del peso puede ser razonable, pero, como el peso al final es solo la punta de un alfiler dentro de una valoración nutricional completa, no tiene sentido usarla a diario y obsesionarse con el número que nos da una vez nos subimos en ella.

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