Delgadez, salud y presión social: un peligro cada vez más presente

Cuando parecía que algo estaba cambiando y los discursos sobre diversidad corporal empezaban a abrirse paso, las redes sociales daban espacio a cuerpos diversos y el ideal único de delgadez se ponía en cuestión, en los últimos tiempos, sin embargo, ha habido una regresión y una vuelta a una tendencia que ya estuvo de moda años atrás: la extrema delgadez.

Pero a diferencia de la década de 1990, en que se hizo muy popular la estética heroin chic, sobre todo en el mundo de la moda y la publicidad, caracterizada por una extrema delgadez y una apariencia deliberadamente descuidada o enfermiza, ahora llega envuelta en palabras como bienestar, salud, disciplina o autocuidado. Y eso la hace, en cierto modo, más difícil de identificar… y más peligrosa.

#1 Un discurso más sutil y sofisticado, pero con el mismo fondo

Si echamos la vista atrás y nos situamos en la década de 1990 o a principios de los 2000, podemos ver cómo se hablaba de cuerpos extremadamente delgados como sinónimo de belleza, sin demasiados matices. Hoy, el discurso ha cambiado, pero el fondo, en muchos casos, no tanto.

La presión social ya no se formula bajo la premisa de que «tienes que estar delgada», sino de que «tienes que estar sana». El problema es que, en muchas ocasiones, ambos conceptos se confunden.

Aunque en la actualidad se habla de eliminar alimentos, de controlar el cuerpo, de optimizar hábitos…, el objetivo implícito es el mismo: reducir el tamaño corporal.

Este fenómeno no es nuevo. Sabemos que el llamado «ideal de delgadez» lleva décadas influyendo en la percepción del cuerpo y generando insatisfacción corporal y problemas de salud mental en muchas personas. Lo que sí es nuevo es la forma en la que este ideal se presenta hoy en día: más sofisticada, más sutil y, por tanto, más difícil de cuestionar.

#2 Los peligros que se esconden en las redes

Las redes sociales han cambiado por completo la forma en la que nos relacionamos con los mensajes sobre el cuerpo. Si tiempo atrás los referentes se buscaban en las páginas de las revistas o en la televisión, ahora están en nuestro bolsillo, disponibles las 24 horas del día.

Y no solo eso: hoy los referentes no son únicamente modelos o celebridades, sino también influencers, es decir, personas en apariencia cercanas que comparten su día a día, sus rutinas y sus cuerpos.

En este contexto, los mensajes sobre salud y cuerpo se multiplican. Y no siempre son inocentes.

Tendencias como los retos extremos, las rutinas rígidas o los discursos sobre control del cuerpo pueden parecer motivadores, pero a menudo esconden una exigencia difícil de sostener.

Además, las redes sociales han contribuido a renovar la presión estética bajo nuevas etiquetas, siempre manteniendo el foco en el cuerpo como proyecto constante de mejora.

#3 Una tendencia oculta bajo el disfraz de la salud

Fue la escritora y cineasta Chloé Wallace, directora del documental Metamorfosis sobre la cantante Aitana, quien, a propósito de la gala de los premios Óscar, inició el debate poniendo palabras a una sensación compartida por muchas personas.

Portada de la revista Fotogramas en la aue aparece la directora de cine Chloé Wallace,

Portada de la revista Fotogramas en la que aparece la directora de cine Chloé Wallace.

A través de sus redes sociales, expresó su preocupación y malestar ante lo que percibía como un claro retroceso: «Tengo rabia y estoy tan cansada de tenerla. Cada alfombra roja. Cada evento. Cada vez que abro Instagram y ahí están, más delgadas que la semana pasada, más delgadas que el mes pasado, más y más y más, como si hubiera una competición que nadie nombra, pero todas están jugando».

Publicación de Chloé Wallace en Instagram.

No se trataba solo de una reflexión individual. Wallace señalaba algo más amplio: la sensación de que existe una «competición silenciosa» por ser cada vez más delgada, especialmente visible en eventos públicos y redes sociales.

Y advertía de los peligros de este fenómeno: «Antes era no comer, contar, restringir. Ahora es una inyección semanal que suprime el hambre. Es la vuelta de la delgadez como capital. No es estética, es política. Y lo más perverso es que viene disfrazado de salud, de bienestar».

#4 Un falso ideal de salud difícil de detectar

Cuando la presión estética se presenta como belleza, es más fácil identificarla. Pero cuando se disfraza de salud, la frontera se vuelve difusa. ¿Dónde termina el autocuidado y empieza la exigencia? ¿Dónde acaba la salud y empieza la obsesión?

Este nuevo discurso hace que prácticas restrictivas o poco saludables puedan parecer justificadas. Si el objetivo es cuidarse, todo parece tener sentido.

Sin embargo, el riesgo es evidente: se normalizan comportamientos extremos bajo una apariencia positiva.

Y las consecuencias de este fenómeno no son otras que el aumento de problemas como los trastornos de la conducta alimentaria o una relación conflictiva con el cuerpo.

#5 El impacto emocional

Las redes sociales nos exponen constantemente a imágenes de cuerpos que, en muchos casos, no representan la diversidad corporal real. Y aunque sepamos que no todo lo que vemos es real o alcanzable, la comparación aparece casi de forma automática.

La propia Wallace lo expresaba de forma muy directa al preguntarse si «estaría más guapa si fuera más delgada».

Ese tipo de pensamientos no surgen de la nada. Se alimentan de la exposición continua a un ideal que, aunque cambie de forma, sigue presente.

Los expertos llevan años advirtiendo de que la exposición a ideales de delgadez puede generar insatisfacción corporal, baja autoestima y un mayor riesgo de conductas alimentarias problemáticas.

#6 Los tratamientos farmacológicos no se han diseñado para esto: sí a tratar una enfermedad, no a su uso patológico

Otro factor que ha contribuido a este fenómeno es la aparición de tratamientos farmacológicos que facilitan la pérdida de peso.

Dichos tratamientos reproducen el efecto de las hormonas que de manera natural generan la sensación de saciedad y ayudan a perder entre el 15% y el 25% del peso.

Unos pies sobre una báscula de baño.

Estos fármacos han revolucionado el tratamiento de la obesidad, pero también se han convertido en una herramienta peligrosa en las manos equivocadas y sin supervisión médica.

Por ello hay expertos que advierten sobre la trivialización de su uso y alertan de una prescripción masiva sin valoración previa ni seguimiento posterior y sin conocimiento sobre cómo se hace la escalada de dosis. 

El uso de estos medicamentos está cambiando la percepción social de la delgadez, ya que hacen que parezca más fácil de alcanzar y, a su vez, que sea más aceptada.

Pero esta lógica ignora algo fundamental: estos tratamientos tienen indicaciones médicas concretas y no están diseñados como herramientas estéticas.

Convertirlos en parte del ideal corporal no solo es problemático, sino también potencialmente peligroso.

#7 Separar salud y estética: el gran reto

Ante este panorama, es importante recuperar una idea básica: la salud no se puede reducir a la apariencia porque es compleja e incluye aspectos físicos, pero también emocionales, sociales y psicológicos.

Un cuerpo no es más sano solo por ser más delgado. Y un cuerpo no deja de ser digno de cuidado por no encajar en un ideal estético.

Separar salud y estética es uno de los grandes retos actuales.

El cambio no depende solo de las redes sociales o de quienes generan contenido. También depende de cómo lo consumimos.

Por ello, antes de confiar en un contenido debemos hacernos preguntas como estas: ¿Este mensaje habla realmente de salud o de apariencia?, ¿Promueve hábitos sostenibles o soluciones extremas?, ¿Hace que me sienta acompañado o juzgado?

También es importante diversificar los referentes y seguir cuentas que representen diferentes cuerpos, experiencias y formas de entender el bienestar.

Y, sobre todo, recordar que el cuerpo no es un proyecto que deba optimizarse constantemente.

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