Ilustración en la que aparecen cuatro personas con cuerpos no normativos, una de ellas en silla de ruedas, haciéndose un selfie.

¿Quién merece estar en ‘La Casita’ de Bad Bunny?

Los conciertos de la gira mundial DeBí TiRAR MáS FOTos, del cantante puertorriqueño Bad Bunny, están dando mucho que hablar.

Y no solo por la música.

Uno de los aspectos más comentados es la presencia en una zona privilegiada del escenario de la llamada «La Casita», una estructura que imita a las tradicionales casas de Puerto Rico desde la que invitados VIP, como los futbolistas Lamine Yamal y Kylian Mbappé o las actrices María León, Úrsula Corberó y Ester Expósito, en los conciertos de España, así como algunas personas seleccionadas entre el público, pueden seguir el espectáculo.

Y es que lo que en un principio era una iniciativa pensada para aproximar a algunos fans la experiencia del concierto acabó desembocando en una polémica inesperada. Muchos usuarios señalaron en las redes sociales que las personas elegidas para ocupar ese espacio parecían responder, en su mayoría, a unos estándares físicos muy concretos: jóvenes, atractivas y con unos cuerpos considerados normativos según los cánones de belleza predominantes.

Publicación en Instagram de Diario Litoral sobre la polémica por la selección de las mujeres en La Casita en los conciertos de Bad Bunny

El «ruido» fue creciendo hasta tal punto que lo que podría parecer una anécdota relacionada con un concierto derivó en un debate en los medios de comunicación y en las redes sobre la representación, la diversidad corporal y los ideales estéticos que siguen predominando en nuestra sociedad.

A propósito de toda esta polémica, quizá la pregunta más interesante no sea si la organización eligió deliberadamente a asistentes al concierto con unos cuerpos considerados normativos, sino por qué tantas personas percibieron lo mismo al ver las imágenes.

Por todo ello, quizás las preguntas que nos tendríamos que hacer sean otras: ¿Qué nos dice esta reacción sobre la forma en que entendemos la belleza? ¿Por qué nos llama la atención cuando en un espacio que funciona como un escaparate apenas aparecen cuerpos diversos? ¿Qué relación tiene todo esto con el estigma asociado al peso y a la obesidad?

#1 El ideal de belleza

Aunque en los últimos años la inclusión y la diversidad han ganado en visibilidad, la realidad es que los modelos de belleza continúan siendo bastante homogéneos. Basta con dar un vistazo a la publicidad, las series, las películas, las campañas de moda o las redes sociales para comprobar que los cuerpos jóvenes, delgados o musculosos continúan siendo los más visibles y los que con más frecuencia se asocian al éxito, la popularidad, la salud o el atractivo.

Esto no significa que no haya avances. Al contrario, cada vez vemos más campañas que incorporan diversidad de tallas, edades o capacidades físicas. Sin embargo, estos cambios conviven con una realidad difícil de ignorar: los cuerpos denominados normativos siguen siendo el referente principal.

El hecho de que la polémica de «La Casita» de Bad Bunny haya tenido tanta repercusión tiene una explicación: muchas personas sintieron que estaban presenciando una escena ya conocida. Y esta escena no es otra que un espacio privilegiado ocupado casi en exclusiva por quienes encajan en un determinado ideal estético.

Pantallazo de una noticia de La Vanguardia en la que la periodista Àngels Barceló critica la falta de diversidad en La Casita de Bad Bunny.

#2 Cuando la representación importa

Hay quien podría pensar que el debate generado en torno a «La Casita» de Bad Bunny es superficial. Al fin y al cabo, «solo» hablamos de un concierto y de unas pocas personas elegidas entre miles de asistentes. Pero, en realidad, la representación importa mucho más de lo que parece.

Los seres humanos aprendemos observando. Desde pequeños construimos nuestra percepción de la realidad a partir de las imágenes que vemos a nuestro alrededor. Cuando ciertos cuerpos aparecen constantemente y otros apenas son visibles, acabamos interiorizando mensajes que muchas veces ni siquiera somos conscientes de recibir.

Uno de esos mensajes es que existen unos cuerpos más aceptables que otros.

Y ahí es donde empieza el problema.

Las personas con cuerpos alejados de los estándares estéticos tradicionales llevan décadas enfrentándose a una representación limitada y estereotipada. Cuando aparecen en los medios de comunicación, con frecuencia lo hacen vinculadas a problemas de salud, falta de autocontrol o situaciones humorísticas. Mucho menos habitual es verlas como protagonistas de historias de éxito, deseo, liderazgo o admiración.

Por eso la diversidad corporal no es una cuestión menor, sino que tiene que ver con quién ocupa los espacios visibles y con quién queda fuera de ellos.

#3 El peso del estigma

La obesidad es una enfermedad compleja en la que intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, ambientales… Sin embargo, durante mucho tiempo se ha abordado solo desde una perspectiva individual, como si todo dependiera de la fuerza de voluntad.

Esa visión simplista ha contribuido a generar uno de los estigmas más extendidos de nuestra sociedad.

Numerosos estudios han demostrado que las personas con obesidad sufren discriminación en ámbitos tan diversos como el trabajo, la educación, las relaciones personales e incluso la atención sanitaria. También sabemos que el estigma tiene consecuencias negativas sobre la salud mental, la autoestima y la calidad de vida.

Lo paradójico es que muchas veces este rechazo se expresa sutilmente. No siempre aparece en forma de insulto o burla, sino que a veces se manifiesta simplemente a través de la invisibilidad. Cuando determinados cuerpos nunca aparecen en posiciones de prestigio, admiración o protagonismo, el mensaje implícito es que no pertenecen a esos espacios.

#4 Las redes sociales y el regreso de la delgadez extrema

La polémica llega, además, en un momento especialmente sensible.

Durante los últimos meses han proliferado las voces que alertan sobre el regreso de ideales estéticos asociados a la extrema delgadez. Periodistas, creadoras de contenido y especialistas en salud mental han denunciado cómo ciertas tendencias en redes sociales están recuperando mensajes que parecían superados.

La directora de cine y escritora Chloé Wallace ha sido una de las que más ha alzado la voz. En varias entrevistas y publicaciones ha advertido sobre el retorno de una estética que asocia delgadez con éxito, autocontrol y valor social.

Publicación en Instagram que se hace eco de las críticas de la directora de cine Chloe Wallace a la vuelta de la moda de la extrema delgadez.

Aunque es cierto que las redes sociales han permitido ampliar la representación corporal, también lo es que han intensificado la exposición a ideales físicos difíciles de alcanzar.

Millones de personas pasan horas cada día observando imágenes cuidadosamente seleccionadas, editadas y filtradas.

En ese contexto, cualquier debate sobre qué cuerpos son visibles y cuáles no adquiere una relevancia especial.

#5 Una reflexión necesaria

La respuesta a esta polémica no pasa por criticar a las personas que siguieron los conciertos de Bad Bunny desde «La Casita» ni por cuestionar su derecho a disfrutar de la experiencia.

Tampoco se trata de exigir que cada espacio represente al milímetro toda la diversidad de la sociedad.

La cuestión es otra.

La polémica invita a reflexionar sobre patrones que se repiten una y otra vez y sobre la facilidad con la que asociamos determinados cuerpos a conceptos como belleza, éxito o exclusividad. Y también sobre cómo esas asociaciones terminan condicionando la forma en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás.

#6 Respetar todos los cuerpos

En los últimos años hemos aprendido mucho sobre obesidad. Sabemos que se trata de una enfermedad crónica que no puede reducirse a una simple ecuación entre calorías consumidas y gastadas, que en su origen confluyen factores genéticos, hormonales, psicológicos, ambientales… y también que el estigma dificulta más que ayuda.

Por eso cada vez más expertos defienden la necesidad de separar el valor de una persona de su peso corporal.

Promover la diversidad de cuerpos no significa negar los riesgos asociados a la obesidad ni renunciar a fomentar hábitos saludables. Nada más lejos de la realidad. El hecho de visibilizar la diversidad corporal supone reconocer que la dignidad, el respeto y la representación no deberían depender del tamaño del cuerpo.

Y también entender que la salud es mucho más compleja de lo que puede apreciarse a simple vista.

Publicación en Instagram sobre la vuelta a la extrema delgadez a pesar de los avances respecto a la diversidad corporal.

#7 Un debate que trasciende la música

Probablemente, dentro de unos meses nadie recuerde quiénes siguieron los conciertos de Bad Bunny desde «La Casita». Pero la polvareda levantada por la selelección de las personas que «merecían» estar en ella nos puede dejar una reflexión más duradera.

Porque la pregunta de fondo sigue siendo relevante: ¿Quiénes aparecen cuando encendemos una pantalla, abrimos una revista o miramos un escenario? ¿Qué cuerpos representan el éxito, la belleza o la felicidad? ¿Y cuáles continúan quedando al margen?

El peso corporal y la obesidad no son solo deben verse desde un punto de vista médico, sino que también hay que tener en cuenta un componente cultural que habla de cómo miramos a los demás y de cómo aprendemos a mirarnos a nosotros mismos.

Quizá por eso una simple imagen tomada durante un concierto ha sido capaz de generar tanto debate. Porque, en el fondo, no habla solo de música, sino también de representación, de inclusión y de la necesidad de construir una sociedad en la que todas las personas puedan sentirse cómodas y sin tener la sensación de que están siendo invisibilizadas.

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